Concurso de acreedores2018-09-19T11:54:34+00:00

Concurso de Acreedores

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Guía definitiva sobre el concurso de acreedores

A la hora de informarnos acerca de en qué consiste un concurso de acreedores, puede ser complicado encontrar información fiable. Sin embargo, es muy importante conocer esta opción que tiene toda empresa y que puede suponer la salvación de la misma, evitando que tenga que declararse en quiebra.

Pero, además, también dependerá de este concurso el mantenimiento de los puestos de trabajo y de la integridad patrimonial de sus administradores. Algo que en ninguna circunstancia se daría si la organización se declara en quiebra.

Por este motivo, en esta guía vamos a tratar este concurso de una manera profunda pero a la vez sencilla y clara. Solo de esta forma será posible que entendamos a la perfección en qué consiste, cómo solicitarlo y de qué partes consta.

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¿Qué es un concurso de acreedores?

Este concurso es una herramienta jurídica cuyo objetivo se centra en solventar los problemas de liquidez de una empresa. Cuando, por cualquier motivo, un empresario no puede hacer frente al pago de sus obligaciones en los plazos establecidos, una de las opciones de las que dispone es declarar la compañía en concurso de acreedores.

De esta manera, no es difícil que entendamos que la declaración de esta situación en una organización no tiene relación alguna con el desbalance de las cuentas o con los recursos propios.

Por el contrario, esta condición está relacionada con la solvencia de la empresa, o, más bien, con la insolvencia de la misma. Insolvencia que debemos entender como la situación en la que el empresario no puede hacer frente al pago de las deudas que ha contraído a su vencimiento, ya sea con recursos propios o ajenos.

Si esta situación se prolonga en el tiempo o se da de manera generalizada, la organización en cuestión ha de considerarse en situación concursal.

Por otro lado, resulta de vital importancia tener en cuenta que este concurso está diseñado para que los acreedores puedan presentar y negociar un convenio que permita saldar las deudas a la vez que se continúa con la actividad de la empresa. De esta manera, el empresario o deudor ha de hacer un balance de todos los adeudos acumulados y estimar en cuánto tiempo se podrían pagar y con qué condiciones.

Cuando esto se tiene claro, se redacta el convenio y se le presenta a los acreedores. Dichos acreedores aceptarán si están de acuerdo o tratarán de negociar y cambiar ciertos puntos para llegar a un acuerdo definitivo. Cabe destacar que los primeros en cobrar tras la finalización del concurso serán los acreedores, ya que los administradores tendrán que saldar sus deudas poco a poco conforme se estipule en el convenio acordado.

El trato más común

Para que podamos explicar algo mejor cómo suelen ser las propuestas que ofrecen los deudores, vamos a poner un ejemplo de una que suele ser la más común.

Normalmente, el empresario presenta una propuesta de pago que hace frente únicamente al 50 % de la deuda que tiene con cada acreedor. Pero, además, se contempla una espera o calendario de pagos que puede extenderse hasta cinco años tras la finalización del proceso del concurso.

Es decir, que las deudas se pagarían poco a poco durante los próximos cinco años según se acuerde en el convenio. Obviamente, esta cantidad no estaría sujeta a carencia ni intereses, suponiendo, de esta manera, un trato muy favorable para la empresa si se llegara a un acuerdo.

Por tanto, el objetivo principal de este procedimiento es que los nuevos recursos que obtenga la compañía endeudada se destinen a continuar con su actividad en lugar de a saldar los adeudos que se hayan contraído. Realmente, es bastante similar a la Ley de Segunda Oportunidad a la que pueden recurrir las personas físicas que no pueden hacer frente a sus deudas.

Fases de las que consta el concurso

A la hora de hablar de las fases del concurso de acreedores siempre debemos recordar que el derecho concursal establece que son seis. No obstante, en la práctica una empresa solo ha de enfrentarse a cuatro fases.

Ahora bien, para que todo este proceso quede claro debemos hablar de la figura del administrador concursal.

Este administrador es uno de los grandes desconocidos de este procedimiento. Sin embargo, es un enclave importante del mismo.

Sus labores consistirán en el análisis, evaluación y comprobación de la empresa que se declara en concurso. Solo de esta manera se podrá comprobar que la compañía cumple con todas las formalidades que exige la ley para hacerlo.

Por otro lado, también se encarga de examinar el inventario de la organización y relacionarlo con los créditos de sus adeudados. Todo ello se recogerá en un informe que será la base sobre la cual posteriormente se llegará a un convenio con los acreedores o a una liquidación.

Ahora que ya conocemos esta figura y su función en todo el proceso, podemos pasar a ver cuáles son las fases del mismo.

En este momento del concurso se llevan a cabo las acciones que se desarrollan antes de la admisión a trámite del concurso por auto judicial. Es decir, se presentan la solicitud y la documentación necesaria.

Debemos destacar que se trata de una fase amplia y compleja en la que se tendrán que barajar muchos aspectos. Entre ellos, están los presupuestos de la declaración del concurso y los fundamentos del procedimiento para poder declararlo.

Una vez que toda la documentación está presentada y se acepta la petición concursal, se entra en la fase común. Esta fase consta de dos partes principales: la primera de ellas es el auto de declaración de concurso y la segunda es la entrada en funciones del administrador concursal.

En este momento el concurso produce todos sus efectos. Así pues, paraliza las ejecuciones pendientes, impide la presentación de nuevas demandas, suspende el devengo de intereses e impide que el patrimonio de la compañía se malvenda a petición de un solo acreedor.

También en esta fase se publicará la declaración de concurso de acreedores en los boletines oficiales como el BOE y el que corresponda a la provincia en la que se ubique la empresa. Y, cómo no, se inscribirá en el Registro Mercantil de la Propiedad y de Resoluciones Concursales.

Por último, los acreedores tendrán que someterse al concurso. En las negociaciones se presentarán los abogados concursalistas y no el administrador de la sociedad. No obstante, este tendrá que seguir y colaborar durante todo este trámite.

Una vez llegados a este punto, el administrador del concurso intervendrá en todos los actos que tenga que hacer el administrador de la sociedad.

Cuando ya se haya recopilado toda la información necesaria, este tendrá que redactar un informe sobre la empresa. En dicho informe se hará un análisis de la memoria y del estado de la contabilidad, un inventario de todos los bienes de la organización y una lista de los acreedores. Esto deberá hacerse en un plazo máximo de dos meses. No obstante, en caso de que existan circunstancias excepcionales adversas, podrá extenderse este proceso durante dos meses más.

Tras la ejecución del informe, se le comunicará al juez y se publicará en los boletines oficiales. En caso de que quiera impugnarse el informe, podrá hacerse en un plazo máximo de 10 días.

Cuando ya se haya emitido este documento por la administración concursal, se podrá pedir al juez de lo mercantil la extinción de los contratos de trabajo. Eso sí, siempre debemos indicar cuáles son las causas que han motivado la toma de estas medidas.

El plazo que durará toda esta fase, siempre que no se impugne ningún documento y que no haya situaciones extraordinarias, suele ser de tres o cuatro meses. También tendremos que tener en cuenta que el juzgado de lo mercantil que se encargue del proceso deberá cumplir sus plazos, algo que no siempre ocurre.

Sin embargo, si se decide solicitar un expediente de extinción de los contratos laborales, este plazo puede alargarse. Según el derecho concursal existe un plazo de 30 días naturales para que se realicen las consultas. Tras esto habrá otros 15 días para redactar el informe que se tiene que presentar a la autoridad laboral sobre la propuesta. Y, por último, habrá cinco días para resolver la propuesta mediante.

Por último, destacar que, si se dan impugnaciones en los créditos reconocidos o los incidentes concursales que los resuelvan, se puede retrasar el procedimiento hasta un año más.

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Propuesta de convenio

Una vez que todo esto queda solucionado, entraríamos en la segunda fase del concurso. En el momento en el que se extingue el plazo de la fase común, en los siguientes 15 días, el juez dictará auto y pondrá fin a la fase anterior y abriendo la de convenio.

Para esto se convocará una junta de acreedores en la que se deberá aprobar dicho convenio. El plazo para hacer esto será de un máximo de tres meses. Tendremos un plazo de 15 días para presentar la propuesta de convenio.

Como hemos mencionado anteriormente, el convenio hará una propuesta en la que se saldará el 50 % del importe a deber en un máximo de cinco años. Como efectos de su cumplimiento, se contará con los recursos próximos que genere la empresa, ya que esta va a proseguir con su actividad empresarial. A este convenio deberá acompañarle un plan de pagos y de viabilidad.

Para que este convenio se apruebe, se necesitará el voto del 50 % pasivo ordinario. Debemos tener claro que si la Seguridad Social y Hacienda se niegan, habrá que negociar otro distinto.

Si la propuesta es aceptada, se le entregará al juez para que la apruebe. Si ningún acreedor formula oposición, el juez dictará sentencia y aprobará el convenio. Cuando la sentencia se haga firme, los efectos del concurso y del administrador concursal cesarán.

En cuanto al periodo de tiempo que abarca esta fase, todo dependerá de si hay o no impugnaciones. En caso de que no las haya, suele durar entre 8 y 10 meses desde que se presenta la solicitud.

Empresa en liquidacion

Vamos a considerar que este periodo sería la tercera fase. No obstante, debemos tener claro que esta no siempre se produce, ya que no siempre se da la liquidación.

Esta se da cuando no se opta por la salida del convenio. Si los acreedores no aceptan tras un proceso de negociación, se abrirá la fase de liquidación.

En esta etapa se creará un plan de liquidación que habrá que presentar ante el juzgado para que un juez mercantil lo apruebe. Tras esto, se enviará a los acreedores, que deberán manifestar lo que convenga en base a su derecho.

Cuando se apruebe la liquidación, se pasará a la venta de todo el patrimonio que tenga la empresa. La finalidad de esto es saldar por completo todas las deudas, pero la consecuencia será el cese de la actividad de la empresa con el consiguiente despido de todos los trabajadores.

Finalización del proceso

Esta sería la etapa final en la que, una vez se haya cumplido el convenio o liquidación, se presentará ante el juzgado un informe con una justificación de que se ha hecho efectiva la acción escogida. Si el juez estima que, efectivamente, ya se ha hecho efectiva la acción, declarará auto del proceso.

En caso de que todo vaya bien y no haya reclamaciones o impugnaciones, se llegará a esta etapa pasados los 12 meses desde que se comenzó todo el proceso. No obstante, esto es algo poco común, ya que siempre hay algún acreedor que reclama o impugna, lo cual retrasa algo más todo este proceso.

¿Cuándo debemos declararnos en concurso?

Precisamente por las ventajas de este instrumento jurídico, la ley establece unos requisitos mínimos y consideraciones que hay que cumplir para que nuestra petición sea aceptada. De esta manera, la ley es muy clara y se refiere a insolvencia como a la imposibilidad completa de cumplir con los compromisos crediticios que ha contraído la empresa. Por tanto, podemos entender que existe una diferencia bastante considerable entre este concepto y el de una situación transitoria o temporal que puede darse de forma esporádica en la organización.

Básicamente, lo que la ley estipula es que la empresa tiene que estar atravesando una situación económica de extremada dificultad. Situación que, además, tenga bastantes posibilidades de desembocar en la quiebra de la compañía.

Así pues, para evitar esta situación extrema, se concederá la consideración de concurso de acreedores, ya que será la forma más adecuada para saldar las deudas y salvar los puestos de trabajo.

Señales que indican que una empresa es insolvente

Con el objetivo de que esta consideración de insolvencia quede completamente clara, a continuación vamos a aportar más información.

Lo primero que debemos tener en cuenta es que la empresa ha de llevar cierto tiempo teniendo serias dificultades para hacer frente a todos los pagos. Por tanto, si durante un trimestre la empresa pasa por dificultades, no necesariamente esto va a significar que esté en situación concursal.

Así pues, debe producirse una situación prolongada de impago a proveedores, impago a trabajadores, a colaboradores e impago de impuestos durante varios ejercicios consecutivos.Y esto tiene que deberse a una incapacidad generalizada y absoluta. Bajo ninguna circunstancia se admitirán solicitudes que aleguen impagos aislados o esporádicos.

Cuando se dé esta situación de insolvencia de forma prolongada, los administradores de la organización deberán poner las cartas sobre la mesa y trazar un plan de actuación. Esto es harto importante, ya que si se demuestra que los administradores no han tomado las medidas necesarias para frenar y solucionar esta situación, las consecuencias pueden ser muy graves. Entre ellas, la más temida suele ser el hecho de que tendrán que responder con su propio patrimonio presente y futuro para pagar a los acreedores.

Por otro lado, tampoco podemos olvidar que el objetivo del concurso es reordenar la deuda de forma que la empresa pueda proseguir con su actividad económica. Por consiguiente, nada más que se perciba que la situación comienza a ser insostenible, habrá que hacer los análisis y estimaciones pertinentes de la contabilidad y valorar la posibilidad de declararnos en situación concursal.

Por último, destacar que la imposibilidad de hacer frente a los pagos puede estar dándose en el momento en el que se presenta la solicitud o preverse por el estado de la contabilidad de la organización. Lo más importante, ante todo, es contar con pruebas que demuestren que se está dando esta tesitura en la compañía.

¿Cómo nos podemos declarar en situación concursal?

Una vez que la empresa sabe que no hay otra solución más que la de declararse en concurso, existen ciertos pasos que hay que seguir. El primero de ellos es personarnos ante los juzgados de lo mercantil de la provincia donde esté domiciliado el deudor, en este caso la empresa.

Cabe destacar que necesitaremos acudir acompañados de un abogado y procurador. Por ello, lo primero que hay que hacer es acudir a un abogado mercantil especializado en este tipo de procesos.

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Buscar un abogado mercantil

Este sería el primer paso que tendríamos que dar si decidiésemos que la solución más plausible para la situación de la organización es entrar en concurso. Es importante que encontremos un abogado especializado en derecho mercantil y que tenga experiencia en este tipo de casos.

Solo de esta forma podremos encontrar un asesoramiento y orientación profesional y con conocimiento de causa. Por tanto, antes de comenzar a redactar ninguna solicitud ni de acudir a los juzgados, habrá que contratar los servicios de abogados de empresas en Valencia.

Presentación de la solicitud

En el momento que contratamos a un abogado mercantil, el siguiente paso será llevar a cabo una solicitud concursal. Esta solicitud hay que presentarla, como hemos mencionado anteriormente, en los juzgados de lo mercantil de la ciudad donde esté registrada la empresa insolvente.

Dicha solicitud debe presentarse en un plazo máximo de dos meses después de que se haya sido consciente de la situación de insolvencia en la que se encuentra la compañía. Debe aclararse, además, si esta es una insolvencia real o inminente. Para ello habrá que aportar la siguiente documentación:

– Declaración de la legitimación para presentar el concurso.

– Memoria económica del deudor.

– Inventario de bienes y de derechos.

– Lista de acreedores ordenada alfabéticamente.

Cuando esta solicitud se acepta, se instaura la situación de concurso y se comienza la primera de las fases que hemos mencionado en el epígrafe anterior.

Tipos de solicitud de concurso

Otro factor que debemos tener en cuenta cuando pensamos en la solicitud de concurso es que no solo la pueden presentar los administradores de la organización.

Por el contrario, uno o varios acreedores pueden presentar esta solicitud. Si estos intuyen que los administradores no son conscientes o no quieren ser conscientes de la gravedad de la situación en la que se encuentra la compañía, podrán hacerlo.

Al igual que si valoran que los responsables de la empresa no están actuando como deberían. De esta manera, estaríamos hablando de dos tipos de solicitudes de concurso: la voluntaria y la forzosa.

Esta es el caso que todos tenemos en mente en el que la persona responsable de la sociedad presenta la solicitud en el jugado. Esta solicitud es obligatoria llegados al punto en el que la empresa se encuentra en un estado de completa insolvencia.

En caso de que el responsable de la sociedad o empresa no la presentara, se estaría ateniendo a consecuencias muy graves. Entre ellas la imposición de multas o incluso imputaciones penales si el juez piensa que la quiebra se provocó para fines ilícitos.

Esta es la que se conoce menos y se da cuando el concurso de acreedores se produce por el requerimiento de algún acreedor o de alguno de los socios de la empresa que no está conforme con las decisiones de la dirección.

Cuando este requerimiento se presente, será un juez quien la tramitará y determinará si se aprueba o no.

Ventajas del concurso de acreedores

Ahora que se conoce toda la información acerca de cómo será el proceso concursal, vamos a hacer un repaso de sus ventajas. En el imaginario colectivo este instrumento judicial se ve como el final de la empresa. Sin embargo, para nada es así.

Siempre tenemos que pensar que esta será la única oportunidad de la empresa de seguir adelante. Por ello, cuando una organización comienza dicho trámite podrá beneficiarse de ciertas ventajas.

Una vez que se acepte la solicitud concursal, se estaría paralizando cualquier tipo de ejecución por parte de cualquier acreedor. Así pues, no podrían darse embargos de bienes ni activos, independientemente de si la empresa ha sido denunciada por impago por alguno de sus colaboradores o proveedores.

Por otro lado, los intereses que nos generara cualquier préstamo que hubiésemos pedido quedarán suspendidos. Por tanto, solo se tendrá que hacer frente a la cuantía demandada, no a los intereses aplicados a la misma.

Esta es una de las ventajas que más nos podría favorecer. Gracias a este convenio podríamos reagrupar las deudas y organizarlas de manera que la empresa pudiera hacerles frente sin tener que cerrar. Además de, claro está, la importante reducción de dichas deudas y su aplazamiento en el tiempo.

Pero tenemos que mencionar también algo en lo que pocas empresas piensan. El acreedor que decide reclamar que se solicite el concurso también podrá disfrutar de ciertas ventajas.

La primera de ellas es que tendrá privilegios por encima del resto de acreedores. Así pues, este podrá cobrar el 25 % del total de su crédito más que el resto de impagados.

Por otro lado, el deudor tendrá que consignar ante el juzgado el importe del crédito impagado de los acreedores que soliciten el concurso.

Y, por último, tendrá la posibilidad de recurrir a los bienes personales de los administradores si la insolvencia de la empresa no les permite cobrar aquello a lo que tienen derecho por ley.

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Buscador BORME

La herramienta de InfoBORME es ideal para realizar busquedas en el Boletín Oficial del Registro Mercantil sobre las sociedades que se encuentran en concurso de acreedores.

La importancia de contar con los servicios de un abogado mercantil

Uno de los factores que muchos administradores pasan por alto es el de contar con el asesoramiento de juristas especializados en temas mercantiles. En muchas ocasiones el administrador acude a su abogado particular que, aunque tendrá nociones de derecho mercantil, no estará cualificado específicamente en el mismo.

Por este motivo, hay muchas compañías que fracasan a la hora de llegar a un acuerdo con los acreedores y la situación acaba en la liquidación y cierre de la entidad. Así pues, resulta de vital importancia contar con los servicios de abogados en Valencia que sean expertos en la tramitación de un concurso de acreedores.

No obstante, para que podamos explicar adecuadamente la importancia de esto, vamos a dar una serie de razones. Dichas razones pueden ser la clave entre el fracaso o éxito del proceso concursal.

Asesoramiento especializado

Cuando decidimos que la mejor opción o solución con la que cuenta nuestra organización es la de declararse en concurso de acreedores, es importante que contemos con un asesoramiento especializado.

Los juristas expertos en derecho mercantil se habrán encontrado a lo largo de su carrera con diversas situaciones de diferentes empresas. Así pues, podrán darnos un punto de vista mucho más claro y fundamentado que un abogado no especializado en esto.

Debemos tener en mente que esta situación conlleva un estrés y presión muy elevados para el equipo directivo de una organización. Por ello, será muy necesario contar con un profesional que sepa hablarnos claro y exponernos las ventajas y riesgos que implica todo el proceso.

Orientación en cada fase

Como ya hemos expuesto anteriormente, lo primero que hay que hacer es buscar un abogado. Pues bien, al elegir uno especializado en estos asuntos conseguiremos una orientación mucho más profunda sobre qué es lo que debemos hacer.

El profesional estudiará la situación financiera y ofrecerá las diferentes opciones con las que contamos. De hecho, en muchas ocasiones se ha dado el caso de que un empresario no veía otra solución que la de declararse en concurso y, al consultar con un jurista experto, se ha barajado la posibilidad de aplicar otras medidas.

De nuevo, tenemos que pararnos a pensar en la presión a la que se ve sometido un empresario, socio o directivo que cree que su empresa va a quebrar. Esto puede llegar a nublarnos la vista de forma que no veamos otras soluciones que podrían paliar la situación.

Por otro lado, la orientación no se basa únicamente en si declararse en concurso o no. Por el contrario, esta se extiende a todo el proceso, ya que el abogado seguirá de cerca nuestro caso y nos dirá cómo debemos actuar conforme se vayan sucediendo los distintos acontecimientos.

En última instancia, cuando el concurso se dé por finalizado, podremos obtener consejo de un experto sobre cómo afrontar o bien la liquidación o bien la continuidad de la actividad económica. Tendremos acceso a una serie de pautas y consejos que no tendríamos si acudiésemos a un abogado no especializado.

Negociaciones más fructíferas

Una de las bazas más determinantes en un concurso de acreedores con la que podemos contar es una capacidad de negociación extensa. Y esto lo determinará la experiencia que tenga el letrado en estas situaciones.

De esta manera, si nos decantamos por los servicios de un jurista especializado, sabremos que tendrá más recursos a la hora de renegociar en caso de que los proveedores y colaboradores impagados no acepten el primer trato.

Buscará, ante todo, la solución más beneficiosa para la empresa

La última ventaja es que se contará con un apoyo legal que velará, por encima de todo, por el interés de la empresa. De esta manera, si nuestra empresa se encuentra en una situación económica complicada y la única salida que vemos es la de entrar en situación concursal, lo mejor que podemos hacer es recurrir a los servicios de un abogado mercantil experto.

En cuanto a los honorarios de los abogados de empresas en Valencia, cabe destacar que todo dependerá de lo que se prolongue el proceso concursal. Obviamente, habrá variaciones en el precio dependiendo del bufete, pero lo ideal no es decantarse ni por la opción más cara ni por la más barata.

Siempre hay que pagar un precio justo por una atención y asesoramiento de calidad. Ante este tipo de situaciones tan complicadas y que pueden tener repercusiones tan graves, no hay que arriesgarse a que un mal acompañamiento legal nos impida conseguir la solución más beneficiosa para nosotros.

Por tanto, si nuestra empresa se encuentra en ciernes de concurso de acreedores, nuestra mayor prioridad es asegurarnos de que el asesoramiento legal que contratemos sea especializado y tenga una amplia experiencia y trayectoria en estos procesos.

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