Los niños tienen derecho, entre otros, a una buena educación, a protección y socorro, a no ser abandonado ni maltratado, a no ser discriminado. A ser un niño, al fin y al cabo. Muchos de estos derechos se sacuden y arrebatan cuando existe acoso escolar. Además de otras necesidades que todos tenemos como personas, como pueden ser la necesidad de pertenencia o de autodesarrollo.

El espacio de educación formal, es decir, el colegio, es un espacio no solo de crecimiento académico sino también de crecimiento personal, pues la convivencia y el aprendizaje entre iguales es una de las grandes piezas de desarrollo tanto de la infancia como de la juventud. Por eso hoy venimos a hablar del error, de la distorsión, del desastre, del trauma que supone en muchos casos el acoso escolar o bulling dentro del colegio.

Cuando hablamos de bulling nos referimos a cualquier forma de maltrato que se produce entre escolares de forma repetitiva y que, actualmente, también puede darse (y, de hecho, es bastante habitual) en el ámbito digital dado el uso de las nuevas tecnologías. Pero el bulling se puede abordar desde el punto de vista de la solución o de la prevención.

Desde el punto de vista de la solución, el ámbito legal suele ser poco efectivo, pues tiende a enquistar problemas que, en realidad, en la mayoría de los casos son emocionales. Y porque, salvo que la distorsión sea tal que sea necesario un cambio de colegio, es un espacio en el que va a tener que seguir conviviendo (durante muchas horas, además) y que, por tanto, todos debemos aprender a cuidar.

Sin embargo, con la mediación se educa para aprender a convivir con el conflicto, sabiendo que es algo constante e inherente a la raza humana, así como a aprender a comunicarse de forma eficaz y colaborativa, y conocer también como actuamos cada uno de nosotros antes situaciones de adversas.

Si bien es cierto que estas situaciones son difíciles de resolver una vez ya han aparecido, son relativamente fáciles de prevenir con la implicación del alumnado, profesores y familias. Es algo tan sencillo y tan complejo como el tradicional “hablando se entiende la gente”.

Desde Aliter Abogados hemos vividos momentos de tensión -propiciados por el bulling– en los que hemos tenido que gestionar cambios de colegio, dado que no se ha podido llegar a acuerdos. Pero también momentos mágicos (permítannos la palabra) en los que los niños han sido capaces de resolver sus problemas entre iguales.

Por eso nosotros optamos, siempre que sea posible, por un plan preventivo de educación en resolución de conflictos y gestión emocional, de reconocimiento de las propias emociones y de las de quien tengo en frente, de escucha activa, de empatía y de todas esas herramientas que están empezando a ser tan necesarias en la sociedad en la que vivimos.

La mediación produce beneficios ya que no permite que los conflictos escalen o se encallen, sino que los resuelve, no solo dentro de la escuela sino también fuera porque los menores que participan en mediación se llevan esa conciencia a sus familias, amigos, espacios de ocio y a la sociedad en general. Ayudemos a nuestra infancia a resolver sus conflictos y recordemos, sobre todo, que nosotros somos su ejemplo.